Entrevista Revista Tendencias a Julián Aragoneses

 ¿Cuál es el objetivo de tu trabajo?, ¿cómo llegaste a este entramado de nudos?
El objetivo de mi trabajo es la abstracción por distintos medios y técnicas. Los nudos y entramados son un camino entre otros para llegar a un caos, un informalismo actualizado en colores, materiales y formas. Al igual que una tejedora hace nudos para llegar fabricar una alfombra, yo hago nudos para conseguir un entramado, que es una pieza donde los nudos en si no son lo importante. Me gusta crear usando las manos, trabajando con cierta dureza, sentir la materia, usar mis fuerzas y agotarme. Tus estudios de ingeniería y filosofía

¿han influido de alguna manera consciente en tu trabajo?
Son un pilar más de mi formación ecléctica. Los conocimientos que hoy en día hay que tener para enfrentarse al acto de creación son como nuestra época: Multidisciplinares, dispersos, globales… La idea de formarse como un técnico en bellas artes sólo abarca una fracción muy pequeña de lo que está pasando en el mundo. El espacio reservado al arte ha sufrido un corrimiento hacia la ciencia y la filosofía. Muchos sólo encontramos en el arte las respuestas a lo inexplicable y lo irracional. ¿Tiene alguna relación tu obra con la música y la escenografía? La escenografía ha sido un laboratorio de pruebas para relacionar la plástica con la música y otras disciplinas artísticas. Crear pensando que es necesaria una integración entre tu trabajo y el de otros artistas me ha ayudado a situarme más en estos tiempos de interconexión y de técnicas mixtas. En alguna ocasión has dicho: “No pretendo transmitir ideas ni sentimientos. Se trata de una propuesta estética sin más”,

¿sigues pensando así? ¿Cuál es tu concepto de la estética y la belleza? ¿Cómo influyen las teorías de la percepción en tu obra?
Esta afirmación no es nada novedosa. Crhisto ya ha dicho muchas veces que no quiere transmitir ningún mensaje explícito con sus obras y lo cierto es que no necesitan nada para percibir que son maravillosas, evocadoras; arte en estado puro. Como he comentado antes, la función y espacio reservado al arte está cambiando. Antes era un vehículo para transmitir ideas o para documentar acontecimientos. Hoy creo que hay ensayistas, retratistas, periodistas, documentalistas, manifestantes, etc., etc. Millones de mensajes que se convierten en ruido, que producen el efecto contrario al buscado. Entiendo que hay momentos sociales o minorías que recurren al arte para sacar la cabeza y no ser engullidos, pero en occidente, con la ciencia y la filosofía desmantelando todo, el arte nos debe conducir a ese lado humano que nos hace no ser humanos y sentir que podemos ‘trascender’.

¿Qué relación estableces entre la pintura y la escultura?
La mera distinción entre ambas en cuanto a bidimensionalidad o tridimensionalidad en demasiado reduccionista. Creo que es una cuestión de percepción y representación. Como he dicho al principio, la pieza final es lo importante, el cómo, con qué técnica, disciplina o demás no es relevante. Hay esculturas que buscan un efecto pictórico y viceversa. Mis piezas son de formato pictórico pero son casi esculturas, de hecho la evolución de algunas ha sido bajarse de la pared y colocarse en medio de las salas; doblarse, curvarse, tumbarse.

¿Cómo es tu concepto de espacio?
Mental. Nosotros dotamos de forma y fondo a la materia. Nuestros sentidos, nuestra cultura y nuestra formación hacen que percibamos las cosas de una manera determinada. La naturaleza está llena de realidades que son escultóricas, pero sólo aplicamos este concepto a cosas manufacturadas con intención de que se perciban como tales. Las abejas no ven esculturas en la Galería Uffizi. No estoy descubriendo nada, pero a veces, lo obvio se nos olvida. Por otro lado, ahora que cada vez vivimos en más espacios binarios y virtuales materializados en pulgadas de una pantalla de ordenador, creo que son muy necesarias obras de arte que si te tropiezas y te golpeas con ellas te puedas abrir la cabeza; porque estamos llegando a un grado de representación y ficción en el que disparar un revolver parece que no tiene consecuencias. En una de las obras expuestas hay un personaje, que parece cruzado de brazos, atrapado en tus entramados, con un texto: “no sé qué hacer, la imposibilidad de realizar una obra interesante... atrapado por las posibilidades”,

¿puede interpretarse como el reto del artista enfrentado a la obra, y en general, el del hombre enfrentado a la vida?
Esta obra la realicé en un momento mental muy concreto, que no es cómo me encuentro habitualmente, pero que retrata lo que nos está ocurriendo. Nunca ha habido tanta información, nunca ha habido tanta libertad y paradójicamente nunca hemos sido tan incultos y estado tan paralizados. Hablo en términos absolutos, porque en un mundo globalizado ya tenemos la obligación de tener todo en cuenta, y nuestro cerebro y corta vida no es capáz de asimilar todo lo interesante que ocurre. Creo que para cualquier creador es muy fácil caer en las redes de la frustración o de la ignorancia consciente. Con Antonio Dyaz, habéis publicado el ensayo Arte, placer y tecnología,

¿cuál es para ti la conexión entre arte, placer y tecnología? ¿Lo vives en tu trabajo?
Estos textos se escribieron en un momento en el que la tecnología no estaba muy asociada a arte y por supuesto a placer. Hay que aclarar que tecnología ha existido siempre, pero cómo hemos empezado a utilizar este término y el significado del que lo hemos dotado es muy reciente. Hasta hace muy poco y para generaciones antiguas, tecnología era algo peyorativo. Se asociaba a artificialidad, complicación, sustitución. Para mí siempre han sido posibilidades, evolución, incluso cierta fascinación. La evolución del arte ha sido espectacular en siglo XX gracias a la fotografía, el cine, la radio, la televisión, los ordenadores y por último Internet. Todo esto es tecnología, pura tecnología, soportes y medios para crear y dar placer y recibir placer cuando esa sea la intención. Pero, porque pienso todo esto, en general mi obra es meramente artesanal y exenta de toda esta tecnología. Necesito irme al lado opuesto porque el proceso creativo con estas tecnologías es demasiado intelectual y con el ordenador o la cámara de fotos no me mancho las manos…