JULIAN ARAGONESES. PINTURAS
PABLO COUSO

Texto Catálogo Exposición Individual Madrid 2005

Desde hace mucho tiempo se afirma que la pintura ha muerto, que su fin fue presagiado por la lenta agonía de la pintura expresionista abstracta. Sin embargo, después de este movimiento radical, muchos artistas han continuado utilizando la pintura como medio expresivo, explorando nuevas formas o revisando el pasado con la intención de agotar los filones que no fueron suficientemente explotados en su momento; esta última, una práctica muy relacionada con el pensamiento posmoderno de los años ochenta. Al contemplar la obra de Julián Aragoneses podemos descubrir que la pintura, en su forma más abstracta, aún está ahí, expresándose de una manera rotunda. En sus cuadros se adivina la influencia del movimiento informalista europeo de mediados del siglo XX. Su tratamiento plástico y la estructuración compositiva de la obra, construida con la intervención del azar y la improvisación, hacen que se desarrollen ritmos espontáneos, a partir de marañas envolventes de líneas, creando efectos matéricos y formalmente muy expresivos. La ruptura en algunas ocasiones total con el plano pictórico, separando físicamente parte de la obra, adentra al artista en nuevos caminos expresivos; creando efectos espaciales en la superficie de la obra mediante la utilización de una tercera dimensión que le aproxima a la creación escultórica. El empleo de recursos como arpilleras, telas o cuerdas crea efectos matéricos que se complementan con un planteamiento cromático muy austero, por la utilización de colores monocromos en el fondo, que contrastan de manera decisiva con la materia pintada, generalmente de blanco.